LA OTREDAD COMO MOTOR DE CAMBIOS
Sin duda, la persona se identifica o
toma consciencia de si mismo como persona cuando se identifica desde fuera, es
decir desde la percepción de la otredad; al identificar la razón como una
construcción de elementos sociales, culturales e individuales. De esta manera,
la otredad filosófica cuestiona su propio razonamiento y existencia
enfrentándose a formas de pensamiento diferente a las suyas
Hay
que tener en cuenta que Otredad se refiere al otro mientras que alteridad
deriva del latín alter que también significa “otro”. En este sentido, estos dos
conceptos parecen diferenciarse solo en su raíz etimológica. A pesar de ello,
otredad es más usado como el proceso de separación de uno mismo para crear
consciencia sobre nuestra propia individualidad mientras que el uso de
alteridad hace referencia a la identificación con un otro distinto a uno mismo
para el mismo proceso.
La teoría de la otredad hace parte de la corriente constructivista, entendida como una propuesta, según la cual el conocimiento y la personalidad de los individuos están en permanente construcción debido a que responden a un proceso continuo de interacción cotidiana entre los afectos, aspectos cognitivos y los aspectos sociales de su comportamiento; la representación del mundo no responde a la realidad en sí, sino a procesos de interacción de los modos de apropiación de individuos y grupos sociales frente a la realidad. Por lo tanto, para el constructivismo filosófico la imagen de a realidad está en constante construcción y transformación, y no obedece a variables objetivas sino al modo subjetivo en que es humanamente percibida. (Ibid.)
Hoy se habla de la otredad
como requisito de inclusión de todos los seres que componen la sociedad human
en el reconocimiento pleno de su derecho a ser. El otro, el que pertenece a una
minoría –sea cual fuere ésta-, lo hemos convertido en ciudadano de segunda y
hasta de tercera. Al otro le hemos disminuido social, cultural y hasta
legalmente. Lo hemos mermado. Lo hemos excluido. Lo hemos relegado. Lo señalamos
en todos lados, lo acusamos tras el anonimato de las redes sociales, lo
destazamos por el sólo hecho de creer que en este mundo occidental moralista,
únicamente los del grupo mayoritario –sea cual fuere éste- tienen derecho a
expresarse.
Cuando se habla de tolerancia, como conducta de
respeto al otro, no se está reconociendo el derecho a ser, porque el derecho a
ser el "otro" es intrínseco a la naturaleza humana. En eso estriba la
cultura del respeto y promoción de los derechos humanos (POZOS. Ob.cit), y la tolerancia sólo sería
una aceptación formal del derecho a ser del otro, pero no un compromiso a
reconocer, aplicar y defender ese derecho ante cualquier intento de limitación,
supresión o modificación por parte de las mayorías que consideran válida sólo
su interpretación de vida.
Es necesario, entonces, entender
que cuando nos referimos a derechos tenemos que referirnos a una triple
dimensión compartida, distintos y a la vez entrelazados: moral, jurídico y
político, partiendo de un orden axiológico, en el cual el centro mismo es el
ser humano, cuya acción es vital en la interpretación que se le quiera dar al
derecho mismo
Partimos desde una dimensión moral, la cual recae en la esencia misma del ser humano, en su Ser ideal, el cual durante el transcurso de los años ha ido centrándose en la satisfacción individual, cuya exigencia se basa en el YO mis derechos, mis necesidades, mis conocimientos, y en ese afán se empieza a imponer uno sobre otro, ya que esta coacción quita la naturaleza humana al que se encuentra abajo, es por tal motivo que en muchas ocasiones el victimizador no considere humanos a sus víctimas, haciendo que estos carezcan de derechos. (Ibid.)
Sin duda, el problema se vuelve más complejo cuando grupos de presión de sectores minoritarios o los partidos políticos o sectores de influencia, consideran los derechos humanos una bandera exclusiva y politizan su defensa. Se olvidan esos principios esenciales de triple dimensión compartida y se excluyen los derechos de las mayorías o de otros grupos poblacionales, olvidando que el centro esencial de los derechos humanos es el ser humano mismo.
Según Richard Rorty, hay que
entender a la dignidad en sentido de comunidad y no individualidad. Criterio
muy limitativo, porque nos estaría indicando que los derechos humanos solo se
viven y ejercen en comunidad, y no le son propias al ser individual. La
base fundamental de los derechos humanos, por excelencia recae sobre el ser
humano, quien delimita el alcance de estos derechos en su accionar, basados en
su forma de pensar y actuar. Es decir, el ser humano es quien debe pensar en el
nosotros, empezar a captar al otro, como un nosotros, que no obligue a adoptar
su punto de vista. (SUXO, Ob.cit.)
La sociedad debe reconocer, no tolerar de manera simplista, el derecho a ser diferente en un mundo multicultural; desde el reconocimiento del derecho a ser diferentes que debemos plantear nuestra demanda social y política de actitud de respeto entre los miembros de los diversos grupos culturales de un contexto nacional, y en donde existen comunidades más participativas en la vida pública, y otras, más cerradas o aisladas. Para que este valor del respeto sea efectivo se debe crear la exigencia, además, de que no sea solamente en el plano formal; es decir, debe concretarse en la equidad de oportunidades sociales para todos los grupos en contexto. Una de sus consecuencias es que podría y deberían exigirse políticas específicas de equiparación en los temas de mayor urgencia y necesidad (educación, salud, desarrollo, etc.), cuando esa equiparación no se otorga debido únicamente a fenómenos pasados o vigentes de dominación. Aparte de ello, en el multiculturalismo en sí no deben favorecerse únicamente los canales de comunicación o de relaciones cualitativas entre las culturas, aunque sean parte de la realidad humana de dichos contextos.
Bibliografía
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https://www.blogunandes.com/2016/06/los-derechos-humanos.html

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